Cuando menos te lo esperas se enciende la luz, y todo se ilumina. Cuando menos te lo esperas salta la chispa y ya nada vuelve a ser igual. Y es como si siempre hubieras estado ciego, perdido entre las tinieblas, buceando en la oscuridad que te rodea con movimientos torpes e inseguros.
Pero un día tus ojos se llenan de tenue luz, luz dormida en las retinas que crece y crece y despierta tus sentidos y a partir de ese momento no puedes volver a cerrarlos jamás, porque una vez que has visto la luz.... no puedes dejar de verla.



3 comentarios:
Un texto precioso... tan bonito como ver la luz.
Besicos, siempre un gusto leerte
A veces, caminamos sin luz. Lo hacemos a ciegas, pero es el único modo de avanzar. Luego, al final del camino, o mejor aún, cuando creemos que hemos llegado al final del camino, podemos acordarnos que pusimos allí el interruptor del pasillo.
Besos Claudia!
Yo siempre procuro visualizar la luz en mis meditaciciones. Yo también adoro los cuentos infantiles. Seguí el rastro de Beeril...
Publicar un comentario en la entrada